
Entre el desierto y la soberanía argentina
Tenía mucha razón el mendocino Manuel J. Olascoaga: había sido el desierto, la pampa extensa, rica y deshabitada la que había terminado por ser una tentación irresistible para...
Tenía mucha razón el mendocino Manuel J. Olascoaga: había sido el desierto, la pampa extensa, rica y deshabitada la que había terminado por ser una tentación irresistible para las tribus que vivían apretadas entre la Cordillera, el Pacífico y los españoles, y que encontraron un lugar para realizar su vida sin límites. El caballo suelto en la pampa y el ganado de las poblaciones aledañas al desierto hizo el resto. De allí el dicho: "El desierto hace indios y el malón los echa a perder…".
Los aborígenes procedentes de Chile y conocidos como Aucaes (rebeldes), nos confirma Edilio Pigatto, eran "atraídos por la inmensidad del territorio a su disposición y la abundancia del ganado cimarrón". "El tráfico de animales, vacunos y caballos, desde las Pampas Argentinas –completa José Bengoa- los transformó en comerciantes". El malón sería su modo de producción e instrumento de recolección.
A principios del siglo XVII, refiere Pigatto, ya se registraba el pillaje en las poblaciones de frontera. En 1680, Juan de Cabrera Velazco denunciaría que los pampas (o puelches), del mismo origen que los ranqueles que vendrían después, ayudaban a la resistencia araucana en Chile, "suministrándole anualmente muchos de miles de vacas y gran cantidad de caballos y yeguas, recibiendo en pago esclavos indígenas de ambos sexos".
« --- Para ver la nota completa, ingrese a la url de la nota --- »